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Clima y Transición Energética

La curva de aprendizaje solar: por qué la energía más barata de la historia llegó antes de lo previsto

Ninguna proyección oficial acertó el desplome del coste fotovoltaico, y esa ceguera tiene una explicación estructural

Dra. Elena Vargas Ruiz, física de materiales 3 min de lectura

EL ERROR QUE SE REPITIÓ DURANTE VEINTE AÑOS

Entre 2000 y 2020, prácticamente todos los organismos de planificación energética del mundo subestimaron el ritmo de abaratamiento de la energía solar fotovoltaica. No fue un error puntual: fue sistemático. Las proyecciones se revisaban a la baja cada pocos años y volvían a quedarse cortas.

La razón es metodológica. Los modelos energéticos tradicionales tratan el coste de las tecnologías como una función del tiempo o de decisiones políticas. La fotovoltaica, en cambio, obedece a una ley de aprendizaje: su coste cae un porcentaje aproximadamente constante cada vez que la capacidad acumulada instalada se duplica. Ese porcentaje ronda el 20 %.

La diferencia entre ambos marcos es enorme. Un modelo lineal proyecta descensos moderados; una curva de aprendizaje proyecta caídas exponenciales mientras el despliegue siga acelerando. Y el despliegue aceleró.

QUÉ HACE QUE UNA TECNOLOGÍA APRENDA

No todas las tecnologías tienen curvas de aprendizaje pronunciadas. La energía nuclear, por ejemplo, ha mostrado en varios países una curva negativa: cada nueva central ha costado más que la anterior. La diferencia está en la naturaleza del producto.

Un panel solar es un objeto manufacturado, pequeño, estandarizado y producido en cantidades enormes. Cada unidad fabricada es una oportunidad de optimización, y esas optimizaciones se acumulan en la fábrica. Una central nuclear es un proyecto de construcción único, sujeto a condiciones locales, regulación cambiante y cadenas de suministro específicas. Se construyen pocas y cada una empieza casi de cero.

Esta distinción —producto de fábrica frente a proyecto de obra— predice mejor la evolución de costes que cualquier consideración sobre la sofisticación técnica. Las baterías de ion de litio, también manufacturadas en masa, siguieron una trayectoria análoga a la solar.

EL CUELLO DE BOTELLA SE HA DESPLAZADO

El abaratamiento de la generación ha trasladado el problema a otro lugar. Hoy, en muchos sistemas eléctricos, el coste de producir un megavatio-hora solar al mediodía es marginal, pero el valor de ese megavatio-hora también se desploma cuando toda la flota solar produce a la vez. Es el fenómeno de la canibalización de precios.

Esto significa que el reto ya no es generar electricidad barata, sino desplazarla en el tiempo y en el espacio. Las tres respuestas disponibles son el almacenamiento, la interconexión y la flexibilidad de la demanda.

El almacenamiento con baterías resuelve bien el ciclo diario —guardar el excedente del mediodía para el pico de la tarde— pero es caro para desplazamientos estacionales. La interconexión permite aprovechar que el viento y el sol no coinciden en toda la geografía, pero exige infraestructura de transporte cuya construcción tarda una década y choca con la oposición local. La flexibilidad de la demanda, es decir, mover el consumo hacia las horas de abundancia, es probablemente la palanca más barata y la menos explotada.

LO QUE NO RESUELVE EL PRECIO

Conviene no confundir barato con resuelto. Hay sectores donde la electricidad barata no basta: la siderurgia, el cemento, la aviación de larga distancia y la agricultura fertilizada con amoníaco de origen fósil. Juntos suman una fracción sustancial de las emisiones globales y ninguno se descarboniza simplemente enchufándolo a la red.

En estos casos la vía pasa por el hidrógeno producido con electricidad renovable, por procesos alternativos —la reducción directa del mineral de hierro, por ejemplo— o por capturar el carbono en el punto de emisión. Ninguna de estas tecnologías tiene todavía una curva de aprendizaje comparable a la solar, en buena medida porque ninguna se fabrica todavía en volúmenes de masa.

LA LECCIÓN PARA QUIEN PLANIFICA

La historia de la fotovoltaica deja una enseñanza incómoda para los organismos de planificación: los modelos que tratan el coste como una variable exógena fallan de forma predecible cuando la tecnología es manufacturable. Y fallan siempre en la misma dirección, subestimando el descenso.

Aplicar esa lección al presente sugiere prudencia ante las proyecciones actuales sobre baterías, electrolizadores y bombas de calor. Todos ellos son productos de fábrica. Todos están en fases tempranas de despliegue. Y todos son, hoy, considerados caros por los mismos modelos que consideraron cara la energía solar.

Periódico Digital · https://periodico.dreamlabstech.co/clima-y-transicion-energetica/articulo_001.html

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