La deriva continental: una idea correcta rechazada durante medio siglo por falta de mecanismo
Wegener acumuló pruebas de que los continentes se habían movido, pero no supo explicar cómo
LA OBSERVACIÓN OBVIA
Que las costas de África y Sudamérica encajen como piezas de un rompecabezas se había notado desde que existieron mapas fiables. Durante siglos se consideró una coincidencia pintoresca.
Wegener reunió a comienzos del siglo XX un conjunto de evidencias que hacían la coincidencia difícil de sostener.
Los fósiles de determinadas especies terrestres aparecían a ambos lados del Atlántico, en organismos incapaces de cruzarlo. Las formaciones geológicas de una costa continuaban en la otra con la misma secuencia de estratos. Y había depósitos glaciares en regiones hoy tropicales, con estrías que indicaban direcciones de flujo del hielo incoherentes con la posición actual de los continentes.
EL PROBLEMA
Wegener propuso que los continentes se desplazaban surcando el fondo oceánico. La objeción fue inmediata y correcta: la corteza oceánica es más rígida y densa que la continental, y no existía fuerza conocida capaz de empujar una masa continental a través de ella.
Sus propuestas de mecanismo —fuerzas centrífugas asociadas a la rotación, atracción de mareas— fueron calculadas por los físicos y resultaron ser órdenes de magnitud demasiado débiles.
La comunidad geológica rechazó la hipótesis. Y lo hizo con un argumento legítimo: un conjunto de correlaciones sin mecanismo plausible no constituye una teoría.
LO QUE FALTABA
La respuesta llegó del fondo del mar tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la cartografía oceánica y el magnetismo se desarrollaron con fines militares.
Se descubrió una cordillera submarina que recorre el centro del Atlántico. Y al medir el magnetismo de las rocas del fondo apareció un patrón asombroso: bandas paralelas a la dorsal, simétricas a ambos lados, que registraban alternancias en la polaridad del campo magnético terrestre.
La interpretación era inequívoca. El fondo oceánico se crea continuamente en la dorsal, se magnetiza al solidificarse según el campo del momento y se aleja a ambos lados. El registro magnético es una cinta de grabación del proceso.
EL CAMBIO DE MARCO
Los continentes no surcan el fondo oceánico: viajan sobre él. La litosfera está dividida en placas que se crean en las dorsales y se destruyen en las zonas de subducción, impulsadas por convección en el manto.
Con ese mecanismo, la deriva dejó de ser una anomalía para convertirse en consecuencia de un sistema más amplio que explicaba además la distribución de terremotos, volcanes y cordilleras.
LA MORALEJA DOBLE
El caso suele contarse como ejemplo de conservadurismo científico. Pero la exigencia de mecanismo era razonable, y la propuesta original de Wegener era efectivamente incorrecta en su parte causal.
Lo que el episodio enseña es más sutil: cuando la evidencia observacional es abundante y coherente pero el mecanismo propuesto falla, lo correcto no es descartar las observaciones sino buscar otro mecanismo.
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