Las lenguas no se corrompen: cambian, y ese cambio tiene reglas
Lo que una generación percibe como degradación es el mecanismo normal por el que evolucionan los idiomas
UNA QUEJA MUY ANTIGUA
La percepción de que la lengua se deteriora aparece documentada en prácticamente todas las épocas de las que conservamos testimonios escritos. Autores latinos se lamentaban de la corrupción del habla respecto a generaciones anteriores; los mismos textos que hoy se citan como modelo de pureza fueron denunciados en su momento.
Si la degradación fuese real y acumulativa, tras milenios las lenguas serían incomprensibles ruinas. No lo son. Lo que ocurre es cambio, y el cambio no tiene dirección descendente.
LOS MECANISMOS DEL CAMBIO
La lingüística histórica ha documentado regularidades que operan en todas las lenguas conocidas.
El cambio fonético tiende a la economía articulatoria: los sonidos se asimilan a sus vecinos, las secuencias difíciles se simplifican y las sílabas átonas se debilitan. Estos procesos son sistemáticos, no aleatorios, y su regularidad permitió reconstruir lenguas de las que no existe registro escrito.
La gramaticalización convierte palabras con significado propio en marcas gramaticales. Verbos que indicaban movimiento o posesión se transforman en marcas de futuro o de perfecto a lo largo de siglos, en un recorrido tan repetido entre lenguas no emparentadas que constituye una de las regularidades más sólidas del campo.
La analogía regulariza formas irregulares por presión del patrón dominante, y es la razón por la que los verbos irregulares tienden a desaparecer salvo los muy frecuentes.
POR QUÉ LA PÉRDIDA NO ES EMPOBRECIMIENTO
Una lengua que pierde un caso gramatical no pierde capacidad expresiva: expresa esa misma relación por otros medios, típicamente mediante orden de palabras o preposiciones.
Las lenguas mantienen una capacidad expresiva equivalente y la redistribuyen entre sus recursos. Ninguna lengua documentada es incapaz de expresar los contenidos que sus hablantes necesitan; cuando aparece una necesidad nueva, el idioma desarrolla recursos para cubrirla.
LA NORMA Y SU FUNCIÓN
Nada de esto convierte la norma culta en un capricho. Disponer de una variedad estandarizada tiene funciones prácticas: facilita la comunicación entre hablantes de dialectos distintos, permite la transmisión escrita a través del tiempo y proporciona un referente compartido para la enseñanza.
La distinción relevante es entre describir cómo funciona una lengua y prescribir cómo debería usarse en contextos formales. Ambas actividades son legítimas; confundirlas produce el error de tratar la variación como error y el cambio como decadencia.
LO QUE SÍ ES PÉRDIDA
Existe una pérdida real y de otra naturaleza: la desaparición de lenguas.
Cuando una comunidad deja de transmitir su idioma, se pierde un sistema completo con su propia organización conceptual y el conocimiento codificado en él. Esa desaparición sí es irreversible, y ocurre a un ritmo acelerado. Es un problema distinto y considerablemente más serio que el uso de anglicismos.
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